Quiero dejar aquí, en este espacio dedicado a la memoria de APA y a las comunicaciones de ayer y hoy, un profundo agradecimiento a todas las personas que hicieron posible lo que hoy exhibimos.
Mi gratitud al Arq. Eduardo Burgos y a su equipo de muchachos, quienes asumieron la ardua tarea de transformar este espacio y darle un auténtico aspecto de museo. Su dedicación, creatividad y compromiso hicieron realidad un sueño que parecía enorme.
Un reconocimiento muy especial a Jean Clauteaux, quien fue el primero en visualizar lo que podía lograrse con todo aquello cuando aún se encontraba en un estado de abandono. Su visión inicial fue la chispa que encendió este proyecto y permitió imaginar lo que hoy es una realidad.
A los muchachos del Aseo Urbano de Caracas, que nos apoyaron con la retirada de todo aquello que ya no tenía utilidad para este propósito. Su colaboración fue clave para despejar, ordenar y preparar el lugar donde hoy se honra la historia de las telecomunicaciones.
A Gregorio Romero grafitero que plasmó su arte urbano en una de las paredes de la casa, regalándonos una hermosa estampa de La Pastora del ayer con su tranvía. Su obra no solo embellece el espacio, sino que conecta el pasado de la ciudad con el legado de APA.
A los vecinos, que con entusiasmo y cariño se sumaron a este proyecto, aportando su ayuda y su presencia en cada paso.
Y por supuesto, a toda la familia López González y Molina Narváez, cuyo apoyo, unión y compromiso han sido el motor que impulsa esta iniciativa. Sin ustedes, nada de esto tendría sentido.
Este museo, esta colección y este homenaje existen gracias a todos ustedes.