
En la Colección APA custodiamos fragmentos de memoria que, aunque modestos en apariencia, revelan capítulos esenciales de la modernidad venezolana. Entre ellos destaca una pieza periodística publicada en El Universal en noviembre de 1964, donde el cronista Erasmo Colina rescata un documento aún más antiguo: la Lista de Suscriptores de la Venezuela Telephone and Electrical Appliances Company (Limited), fechada en octubre de 1890.
Este hallazgo —una lista telefónica primigenia— constituye un testimonio excepcional del momento en que Venezuela comenzaba a tejer sus primeras redes de comunicación eléctrica. No se trata solo de un registro de números y nombres: es un mapa social, político y económico de la Caracas y La Guaira decimonónicas, cuando el teléfono era todavía un artefacto extraño, reservado a instituciones públicas, casas comerciales, médicos, militares y figuras de la vida nacional.
La nota periodística reproduce advertencias de uso que hoy resultan entrañables: la bocina debía permanecer en su gancho, no se debía hablar demasiado alto para no “echar a perder el hilo del transmisor”, y el aparato no debía utilizarse durante una tempestad. Estas instrucciones revelan la fragilidad técnica de la época y, al mismo tiempo, la fascinación por un invento que prometía acortar distancias y transformar la vida cotidiana.
La lista de 1890 incluye nombres que resuenan en la historia venezolana: el Arzobispado, el Banco de Venezuela, el Ferrocarril Caracas–La Guaira, la Casa de Moneda, el Observatorio, el periódico El Siglo, así como médicos, intelectuales, comerciantes y militares. Cada número telefónico asignado —breve, casi simbólico— funciona como una coordenada que permite reconstruir la red de poder, influencia y actividad económica del país en aquel momento.
Desde la perspectiva curatorial, este documento es valioso por tres razones:
- Es una evidencia temprana de la infraestructura tecnológica venezolana, cuando el país comenzaba a integrarse a los sistemas globales de comunicación.
- Permite observar la estructura social de finales del siglo XIX, identificando quiénes tenían acceso a la tecnología y cómo se organizaban las instituciones.
- Conecta dos momentos de la memoria nacional: 1890, cuando se imprimió la lista, y 1964, cuando fue rescatada por la prensa, demostrando que la historia de las comunicaciones siempre ha despertado curiosidad y asombro.
La Colección APA incorpora esta referencia como parte de su línea de investigación sobre tecnologías, modernidad y cultura material en Venezuela, entendiendo que cada documento —por pequeño que parezca— es un hilo que enlaza generaciones. La lista telefónica de 1890 no solo registra llamadas: registra un país que empezaba a escucharse a sí mismo a través de cables, campanas y voces eléctricas.

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